Si aún no has tenido el privilegio (o la obligación moral cinéfila) de , hazte un favor. Apaga las luces, consigue una copia de la fuente correcta y permite que Aronofsky, Mansell, Leto, Connelly, Wayans y la extraordinaria Ellen Burstyn te lleven al borde del abismo. Saldrás con el alma desgarrada, pero con una comprensión más profunda del ser humano.

Existe un debate recurrente entre los cinéfilos: ¿doblaje o subtítulos? En el caso de Requiem for a Dream , la respuesta es contundente: hay que en lugar de su versión doblada.